lunes, 14 de noviembre de 2016

Quiero que me dejen morir cuando yo lo decida

A José Antonio le diagnosticaron ELA hace un año y la enfermedad le ha ido incapacitando progresivamente
Ha iniciado una petición para que se despenalice el suicidio asistido en nuestro país: "¿Por qué me tengo que ir a Suiza a morir y no puedo hacerlo en España?"
"Sé cómo terminan los pacientes de ELA, con una dependencia total de su familia y sin movilidad. No quiero acabar así", asegura a eldiario.es
José Antonio Arrabal, paciente de ELA
José Antonio Arrabal, paciente de ELA CHANGE.ORG
"¿Por qué no podemos acabar con nuestra vida de manera digna si ésta se convierte en un infierno?", se pregunta José Antonio Arrabal. El verano del año pasado le diagnosticaron Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA). Esta enfermedad le ha ido incapacitando progresivamente y ahora su gran temor es quedarse sin la movilidad que conserva en la mano derecha. La izquierda ya está "perdida", inmovilizada con una férula que lleva día y noche para evitar que se le agarroten los dedos. Además, cojea al andar porque la pierna derecha también está afectada y, de vez en cuando, se traba al hablar.
A sus 57 años, Arrabal tiene claro que no quiere cumplir ninguno más. Lo explica sin quebrarse, de una forma fría y sin perder la ironía. No busca compasión, busca que se le "reconozca un derecho". "¿No deberíamos ser dueños de nuestra vida?", cuestiona. "Sé cómo terminan los pacientes de ELA, con una dependencia total de su familia y sin movilidad. Yo no quiero acabar así. Aunque parezca que no duele, sí que duele. No quiero que me obliguen a pasar dos años en esas condiciones, eso no es calidad de vida. Quiero que me dejen morir cuando yo considere que el sufrimiento es inaceptable".

Sancionado por el Código Penal

En septiembre tomó la decisión de "morir con dignidad" y marcando él los tiempos. Comenzó a buscar información en internet y se encontró con su primer obstáculo: en España el artículo 143 del Código Penal recoge penas de prisión de dos a cinco años para aquellos que "cooperen con actos necesarios al suicidio de una persona" y castigo de seis a diez años "si la cooperación llega hasta el punto de ejecutar la muerte".
"Yo no quiero implicar a nadie". Asegura que le gustaría someterse a un suicidio asistido, morir sin dolor, tras ingerir un medicamento que le prescriba un médico. "Si lo haces de otra forma nunca sabes a ciencia cierta lo que va a pasar ni cómo vas a terminar", continúa. Como en nuestro país no está legalizada esta opción, ha comenzado a buscar información en el extranjero. En países como Holanda, Bélgica, Luxemburgo y Suiza sí que está regulada la eutanasia.
"¿Por qué me tengo que ir a Suiza a morir y no puedo hacerlo en España? Aquí he estado pagando mis impuestos. Es de cajón. No lo entiendo", afirma. A finales de octubre, dedicó todos sus débiles esfuerzos a intentar prender la mecha para que se reabra el debate de la muerte digna en la sociedad. Creó una petición en Change.org en la que solicita al Gobierno y a los partidos de la oposición que se modifique el artículo 143 y se despenalice el suicidio asistido. 

Podemos recogía su petición

En los programas electorales de los últimos comicios, solo Unidos Podemos recogía la derogación del apartado 4 de ese artículo. Por su parte, tanto PSOE como Ciudadanos proponían "promulgar una ley de muerte digna". Los socialistas añadían que abrirían el debate sobre la eutanasia "si en la próxima legislatura hay un consenso al respecto". En el caso del partido de Albert Rivera, la  asociación Derecho a Morir Dignamente criticó que su propuesta recogía procedimientos que existen desde hace décadas.
Arrabal desconoce si la energía invertida en la difusión de esta petición le puede perjudicar en la evolución de su dolencia. "Si no haces nada en todo el día, empeoras; pero si haces algo, también. En cierta ocasión una enfermera me dijo que apartase la enfermedad de mis pensamientos. ¿Cómo lo voy a hacer? Si muevo la mano, me acuerdo; si intento mover la otra, me acuerdo; si hablo, también me acuerdo", rememora.
En España, se estima que cada año se diagnostican casi unos 900 nuevos casos de esta enfermedad "neuromuscular en la que las motoneuronas, un tipo de células nerviosas, que controlan el movimiento de la musculatura voluntaria, gradualmente disminuyen su funcionamiento y mueren, provocando debilidad y atrofia muscular", según explica la Fundación Española para el Fomento de la Investigación de la Esclerosis Lateral Amiotrófica ( FUNDELA). Se desconoce el origen de esta dolencia y hasta el momento no tiene cura.
El tiempo corre en contra de estos enfermos, Arrabal lo sabe y quiere morir antes de ser dependiente, aunque su gran temor es no conseguirlo. "No creo que pueda esperar más de tres meses. Todo depende de mi mano derecha. En el momento en el que pierda la movilidad, se acabó", relata. Entre las posibilidades que maneja, se encuentra la de acudir a una asociación en Suiza que ayuda a pacientes extranjeros a tener acceso a un suicidio asistido.
"Ya he estado mirando información. Para poder abrir expediente tienes que hacer un primer pago de 300 euros y otro de 80 euros en concepto de cuota de socio. A partir de ahí, ellos te van organizando. Pero necesito conservar algo de movilidad porque soy yo el que se tiene que llevar el vaso con la medicación a mi boca", relata.
Se estresa y se muestra impotente al hablar de su futuro y de la evolución de la ELA: "Viendo cómo me ha afectado últimamente, en pocos meses no podré salir a la calle y me tendría que pasar todo el día en casa. ¿A qué me dedico? ¿qué hago? ¿en qué me puedo interesar? En nada, las consecuencias de esta enfermedad son insalvables".
Hace un par de días se agobió mientras cenaba al ver que un plato de sopa podía con él. "Me cansé muchísimo. Tuve que hacer dos paradas para poder terminármelo", relata. En ese momento volvió a advertir a sus hijos (20 y 26 años) y a su esposa de que no quería llegar al punto de no poder comer solo. Desconoce cómo reaccionó su familia en ese momento: "En esos momentos no les miro porque debe ser complicado. Mi situación es dura pero la de ellos tampoco es sencilla".

"Entiendo que a mi familia le fastidie"

Su familia se mantiene apartada de estos planes, por petición del afectado. Arrabal se negó a hacer la entrevista con eldiario.es en su domicilio porque no se sentía cómodo relatando esta intención cerca de su seres queridos. "Entiendo que les pueda fastidiar este tema pero es que no es una cuestión de ellos, es mía. Si no lo entienden, me da igual porque es una opción personal", asevera.
Si la enfermedad se lo permite y si finalmente se marcha a Suiza, le gustaría acudir solo, sin seres queridos. Y mantiene dos intenciones: donar su cerebro para la investigación de la enfermedad y autorizar que se publique el vídeo de su muerte. "Quiero que la gente vea que no es un tratamiento agresivo, consiste en ingerir una medicación y en 10 minutos ya has fallecido", continúa.
De esta forma cree que podría incidir en el debate social sobre el derecho a la muerte digna. Es consciente de que, si sigue adelante con su idea de morir mediante un suicidio asistido en unos meses, no será testigo de un hipotético resultado favorable de su petición. "Lo sé, pero es necesario que alguien presione. Si se hubiese legalizado la eutanasia durante el caso de Ramón Sampedro, ahora para mi sería más sencillo. No tenemos que morirnos así todos. Pero hay mucha diferencia entre morir mal y morir bien", finaliza

http://www.eldiario.es/sociedad/change-jose_antonio_arrabal-ela-suicidio_asistido-eutanasia_0_578492587.html

martes, 18 de octubre de 2016

Holanda estudia una ley de suicidio asistido para ancianos que no quieren seguir viviendo

La propuesta del Gobierno holandés al Parlamento sobre una ley que otorgue el derecho a la eutanasia a personas que, aunque no estén enfermas, sientan que "ya no tienen más perspectivas en la vida" y"han desarrollado un deseo de morir persistente y activo", ha generado este jueves un debate público en el país.
La propuesta parte de la ministra neerlandesa de Sanidad, Edith Schippers, y del ministro de Justicia, Ard van der Steur. Ambos han remitido una misiva conjunta a la Cámara baja en la que pidenampliar los supuestos en los que se puede aplicar la eutanasia, despenalizada en Holanda desde el 2002, lo que ha levantado la polémica teniendo en cuenta los antecedentes de la propuesta.

ESTUDIO DE VIABILIDAD

El Gobierno de coalición holandés solicitó en el 2014 un informe a un comité de especialistas que se encargó de valorar la viabilidad legal y los dilemas sociales que supondría despenalizar el suicidio asistido a personas que piensan que "su vida está completa".
Tras una intensa investigación de dos años, el comité emitió su conclusión: "no es deseable" expandir las posibilidades legales para el suicidio asistido porque el actual marco jurídico "es suficiente".

Bélgica, pionera en aplicar la eutanasia infantil sin límite de edad

Bélgica fue el primer país del mundo que legalizó la eutanasia sin límite de edad en febrero del 2014, lo que significa que los niños que sufrenenfermedades incurables, en fase terminal y que padecen dolores físicos insorportables,tienen derecho a pedir la muerte asistida si son conscientes de la decisión que están tomando. El pasado 17 de septiembre, se practicó la primera eutanasia de este tipo en el país. Aunque no tracendió ni la identidad del menor, ni su edad ni cuál era la enfermedad que padecía, sí se supo que se encontraba en fase terminal.
Actualmente, un paciente debe cumplir ciertos requisitospara solicitar la eutanasia, entre los que se encuentra el que al menos dos médicos confirmen que el enfermo padece de unsufrimiento inaguantable y sin perspectivas de mejora.
Los ministros han agradecido el trabajo del comité, pero rechazan su resolución final, ya que piensan que la ley actual se queda corta porque tiene una importante limitación, como es que el suicidio asistido debe basarse en fundamentos facultativos.

SIN GANAS DE VIVIR

Según el Gobierno, también hay gente que desea terminar con su vida y padece un "sufrimiento inaguantable" sin una "base médica". Los responsables gubernamentales señalan concretamente a ancianos que sufren por la pérdida de "sus seres queridos" o de "contactos significativos", teniendo como resultado "fatiga" y "apatía".
Por esta razón, la nueva ley solo sería aplicable a personas mayores, aunque los ministros no han aclarado qué edad mínima habría que tener para acogerse a la propuesta.
"Hay gente para la que cada día que pasa es uno más en espera de la muerte. Estas personas preguntan cómo pueden poner fin a su vida de una manera digna", mantienen los ministros en la misiva, dada a conocer a través de la página web del Gobierno neerlandés.

LA FIGURA DEL ORIENTADOR

La nueva ley supondría la creación de una nueva profesión, una especie de "orientador" social con experiencia en el campo de la Medicina que evaluaría la solicitud del suicidio asistido.
El demandante estaría obligado a poner por escrito que desea terminar con su vida y el orientador le haría entrevistas para confirmar que su sufrimiento es inaguantable, al menos una de ellas en persona y sin la presencia de sus familiares.
La aplicación de la eutanasia no sería automática, sino que se practicaría posteriormente en un tiempo aún no determinado y tras la supervisión del caso por un segundo experto especializado. Si se detectase que la solicitud se debe a problemas médicos tratables, "se explorarían otras alternativas", aseguran los ministros.
En caso de que el demandante recibiera luz verde, obtendría una prescripción con la receta de la medicina que acabaría con su vida, pudiéndola adquirir en la farmacia, mientras que los familiares, si lo desean, podrían estar presentes en los momentos finales de su ser querido.
La propuesta será analizada por el Parlamento el próximo año, pero en marzo de 2017 se celebran elecciones en Holanda, de forma que estará en las manos del nuevo Ejecutivo aprobarla o rechazarla

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/holanda-estudia-ley-suicidio-asistido-sin-motivos-fisicos-para-tercera-edad-5496675

domingo, 16 de octubre de 2016

Holanda planea permitir la ayuda a morir a mayores con “cansancio vital”

El Gobierno holandés ha elevado al Parlamento una propuesta para regular la ayuda a morir de las personas mayores que consideren que ya han vivido lo suficiente, pero no están enfermas ni padecen sufrimientos físicos insoportables. Se trata de evitar que se quiten la vida por su cuenta. Este nuevo supuesto de suicidio asistido, al que se opone el Colegio de Médicos, no está contemplado enla vigente Ley de Eutanasia (2002, el primer país en legalizarla), que excluye a los extranjeros y que sólo la permite —siempre aplicada por un facultativo que ha debido consultar antes con otro colega— para pacientes desahuciados y con dolores insoportables y sin alivio, que lo hayan solicitado de forma voluntaria y meditada. La propuesta del Gobierno no detalla desde qué edad se podría acceder a esta nueva fórmula.


“No hay salida para los que ya no deseen vivir porque estiman completo su ciclo. Han perdido a sus seres queridos y a sus amigos, y caen en la apatía y el cansancio vitales. El Gobierno piensa que su búsqueda de ayuda para acabar con todo es legítima”, indica la propuesta. Si bien los ministerios de Justicia y Sanidad se comprometen “a defender la vida”, “cuando a la falta de perspectivas se añade un deseo persistente, libre y activo, es posible actuar”, señalan ambos departamentos. Antes, será necesario “que un asistente cualificado mantenga una serie de conversaciones con el afectado”. “Tras una segunda revisión del caso, efectuada por otro ayudante, este puede recetar el fármaco letal que será recogido en una farmacia", explica la nota remitida a la Cámara. La propuesta contempla la creación de una nueva disciplina dedicada exclusivamente a este tipo de ayuda y para la que habría que recibir formación de medicina, psicología y enfermería.
La propuesta, firmada por los ministerios de Sanidad y Justicia, indica que las conversaciones “con facultativos y otras instancias involucradas en esta clase de asistencia” darán comienzo de inmediato. Una vez consultados, el legislador deberá hacer una excepción en el apartado de ayuda al suicidio, regulado hasta la fecha solo con vistas a despenalizar, en condiciones estrictas, la eutanasia. Teniendo en cuenta que las próximas elecciones legislativas están previstas para 2017, lo más probable es que la aprobación de la nueva norma recaiga en un nuevo Ejecutivo.
El viraje oficial choca con las conclusiones de la comisión encargada el pasado febrero de examinar el concepto —y las consecuencias— de “una vida agotada”. Elaboradas bajo la supervisión del senador liberal de izquierda Paul Schnabel, señalaban que “la mayoría de los que se sienten así, y desean morir, sufren a la vez una enfermedad y encajan en los supuestos de la eutanasia”. Los médicos, por su parte, califican la eutanasia de “último recurso”, y no quieren que sea considerada un derecho por la población. Son los facultativos de cabecera quienes la practican y quieren evitar presiones familiares, o del propio afectado.En su momento, los liberales de derecha e izquierda, y el partido de los ecologistas, se mostraron partidarios de ampliar el radio de acción de la eutanasia. Los grupos confesionales, protestantes y calvinistas, apoyaron el informe Schnabel.
En 2014, las cinco comisiones que revisan la legalidad de las eutanasias practicadas en el país registraron 5.306 casos (un 10% más que el año anterior). Casi un 75% de los enfermos tenía cáncer. Cerca de un 41%, problemas psiquiátricos.
En 2013, la apertura de la Levenseindekliniek (Clínica para Morir), la primera de su clase de carácter privado, revolucionó la aplicación misma de la ley. En su primer año de actividad, recibió 714 ruegos, de los cuales practicó 104. Como las dolencias físicas acaparan las eutanasias de la sanidad pública, a la nueva clínica recurrieron los que habían sido rechazados por tener problemas psiquiátricos y diversos grados de demencia. La tendencia al alza en este grupo se ha mantenido en los años siguientes.
El pasado enero, Sanidad añadió un nuevo protocolo que suavizaba las exigencias en casos de demencia aguda. Esta ha sido siempre una de las denominadas zonas grises de la ley, porque excluía, según los críticos, a los aquejados de pérdida de facultades mentales, progresivas e irreversibles en la mayoría de los casos estudiados. Hasta ese momento, el legislador consideraba muy difícil saber si el paciente estaba seguro y comprendía las consecuencias de su deseo. Ahora, la eutanasia puede aplicarse en fases avanzadas del deterioro siempre que quien la reclame haya firmado, cuando estaba consciente, y en presencia de su médico, una declaración formal. De no tenerla, el castigo puede ser el contemplado por la norma desde 2002: hasta 12 años de cárcel.


LEYES SOBRE MUERTE DIGNA


M. R. SAHUQUILLO
Los países que han legislado para permitir una muerte digna normalmente hacen una distinción entre lo que consideran suicidio médicamente asistido o eutanasia. La diferencia en estas normas es quién administra los fármacos que ponen fin a la vida.
Suicidio médicamente asistido. Consiste en suministrar o prescribir al paciente los fármacos para que este muera. Bajo determinadas circunstancias, es legal en Suiza, por ejemplo, pero a una persona enferma que debe ser, además, quien personalmente se administre estos medicamentos. Esta una fórmula que también se permite legalmente en algunos Estados de Estados Unidos, como en Oregón, donde el paciente –enfermo y tras la autorización y la prescripción de los sanitarios— es quien se autoadministra los fármacos.
Eutanasia. Etimológicamente significa “bien morir” (del griego), pero consiste en que un profesional sanitario suministre a un paciente capaz con una enfermedad terminal o irreversible, que experimenta un sufrimiento no mitigable por otros medios, una medicación para poner fin a su vida porque lo pide de forma voluntaria, expresa, clara, reiterada e informada. Es legal en Holanda, Bélgica y Colombia, por ejemplo.
En España ambas fórmulas son ilegales.
http://internacional.elpais.com/internacional/2016/10/13/actualidad/1476354654_421296.html


Holanda se propone ampliar el derecho a la eutanasia a los ancianos que se sientan cansados de vivir

El proyecto anunciado por el Gobierno holandés para ampliar el suicidio asistido a las personas mayores que declaren de forma voluntaria, reflexiva y persistente su deseo de morir ha reabierto el debate sobre los límites al derecho a poner fin a su propia vida. El nuevo supuesto contemplado por uno de los países pioneros en la legalización de la eutanasia es un paso de gran calado respecto a la norma de 2002, que actualmente se ciñe a rigurosos requisitos: enfermedades incurables en fase terminal y situaciones de sufrimiento físico o psíquico insoportable.
Si prospera la propuesta, al suicidio asistido se podrán acoger personas mayores (no se ha fijado la edad) que no teniendo patologías graves consideren que carecen de interés por la vida, han perdido a sus seres queridos y son presa de la apatía y el abatimiento. Para acceder a la píldora letal se requerirá, como para la eutanasia, un informe favorable de un profesional cualificado, que deberá ser ratificado por otro distinto. El proyecto de reforma prevé evaluar cada caso de forma rigurosa para descartar que la solicitud esté causada por una depresión o una situación económica desfavorable, situaciones susceptibles de recibir tratamiento médico o social.
A sabiendas de que es un asunto extremadamente delicado, con complejas connotaciones éticas y sociales, el Gobierno holandés está decidido a ampliar el abanico del suicidio asistido pese a las recomendaciones de un comité de expertos, partidarios de mantener la actual legislación.
Todo lo contrario de lo que ocurre en España, donde pareciera que los asuntos espinosos es mejor guardarlos en un cajón. Los ciudadanos tienen ante sí una nueva frontera de derechos y libertades, desde el cambio de sexo a la voluntad de poner fin a la vida, que los políticos tendrán que abordar tarde o temprano. Hurtar una discusión de este calado, aunque afecte al ámbito moral y gire en torno a las convicciones, es un empeño que va contracorriente.
http://elpais.com/elpais/2016/10/15/opinion/1476560927_380583.html

jueves, 13 de octubre de 2016

¿Es lícito otorgar a niños el derecho a morir?

Desde 2002, la legislación belga permite a adultos que padezcan enfermedades terminales o incurables pedir a un médico la administración de la eutanasia. En febrero de 2014, el parlamento belga eliminó el requisito de ser adulto para pedir la aplicación de la ley, y se generó un escándalo.
El mes pasado, por vez primera, un menor de edad pidió y recibió la eutanasia; como era de prever, las protestas se reavivaron. El cardenal Elio Sgreccia dijo por Radio Vaticano que la ley belga niega a los niños el derecho a la vida. Pero las circunstancias del caso, y el hecho de que pasaron dos años y medio antes de que ocurriera, demuestran lo contrario: la ley belga respeta el derecho a la vida y, en circunstancias cuidadosamente definidas, el derecho a morir.
Si bien la legislación belga ya no contiene requisitos de edad específicos (a diferencia de la ley holandesa, que permite a los médicos administrar la eutanasia a menores que lo soliciten sólo si tienen al menos doce años de edad), sí exige que el solicitante tenga capacidad demostrable para la toma de decisiones racional. Esto en la práctica excluye del alcance de la ley a los niños muy pequeños. El pedido debe ser examinado por un equipo de médicos y un psiquiatra o psicólogo, y debe contar con la aprobación de los padres del menor. Este debe encontrarse en una “situación médica desesperada de sufrimiento constante e insoportable, que no pueda aliviarse y que causará la muerte en poco tiempo”.
Al anunciar el primer uso de la ley por parte de un menor de edad, Wim Distelmans (director de la comisión federal belga sobre la eutanasia) señaló que la cuestión de la eutanasia infantil se plantea muy raras veces, y añadió que esto no justifica negar una muerte digna a quienes la pidan y cumplan los estrictos requisitos de la ley.
Aunque al principio no se dieron detalles sobre la identidad del menor, más tarde se reveló que él o ella tenía diecisiete años, con lo que también hubiera podido recibir la eutanasia en Holanda.
Si en respuesta al caso el cardenal Sgreccia hubiera dicho que la ley belga niega que los niños tengan un deber de vivir, tal vez habría iniciado un debate útil, que hubiera aclarado las diferencias entre quienes creen que existe ese deber y quienes no. Tomás de Aquino (todavía una figura influyente en la tradición católica) pensaba que tenemos el deber de no poner fin a nuestra vida, porque hacerlo es pecar contra Dios.
A modo de ejemplo, trazaba una analogía entre poner fin a la propia vida y matar a un esclavo ajeno, lo que constituiría “pecar contra el dueño del esclavo”. Dejando a un lado la grosera insensibilidad de la analogía, es evidente que este argumento no ofrece razones contra el suicidio a quienes no creen en la existencia de un dios. E incluso a los teístas les costará comprender por qué una deidad benevolente querría que un moribundo siga vivo hasta el último momento posible, sin importar la gravedad del dolor, el malestar o la pérdida de dignidad que eso pueda ocasionarle.
Pero hay otro motivo por el que incluso el cardenal Sgreccia podría dudar de que exista un deber de vivir. Hace mucho que la Iglesia Católica acepta que los médicos y los pacientes no están obligados a mantener todos los medios de apoyo vital independientemente de la situación o el pronóstico del paciente.
En hospitales católicos de todo el mundo, se retiran respiradores y otras formas de apoyo vital cuando se juzga que el padecimiento de continuar el tratamiento es “desproporcionado” respecto de los beneficios esperables. Eso es clara indicación de que si existe un deber de vivir, está supeditado a que los beneficios de seguir viviendo superen los padecimientos del tratamiento. Los pacientes que piden la eutanasia juzgan que los beneficios de seguir viviendo no superan el padecimiento del tratamiento (o el padecimiento de seguir viviendo, con o sin tratamiento).
Pero un derecho no es lo mismo que un deber. Tengo derecho a la libertad de expresión, pero puedo permanecer callado. Tengo derecho a conservar mis órganos, pero puedo donar un riñón a un pariente, amigo o total desconocido que sufra insuficiencia renal. El derecho me da un poder de elección: puedo elegir ejercerlo o renunciar a él.
Los límites etarios siempre son hasta cierto punto arbitrarios. La edad cronológica y la edad mental pueden ser diferentes. Hay ciertas actividades comunes a muchas personas, en las que un límite de edad mental puede ser pertinente: por ejemplo, votar, sacar licencia de conducir y tener relaciones sexuales. Pero sería muy difícil tratar de determinar, para cada persona interesada en esas actividades, la capacidad de comprender lo que está implícito en votar, conducir con responsabilidad o dar consentimiento informado para una relación sexual. Por eso usamos la edad cronológica como una indicación aproximada de la capacidad mental pertinente.
Pero el caso de los menores que piden la eutanasia es distinto. Si la cantidad de quienes reúnen los requisitos de la ley es tan pequeña que en Bélgica hubo un solo caso en los últimos dos años, no es difícil llevar a cabo una investigación exhaustiva de la capacidad de esos pacientes para hacer el pedido.
Por eso la extensión de la ley belga de eutanasia a menores con capacidad demostrable para la toma racional de decisiones no supone negar a nadie el derecho a vivir. Por el contrario, otorga el derecho de morir a personas que pueden tener motivos razonables para querer ejercerlo.
Traducción: Esteban Flamini
Peter Singer es profesor de bioética en la Universidad de Princeton y profesor laureado de la Universidad de Melbourne. Sus dos últimos libros se titulan One World Now [Un mundo ahora] y Ethics in the Real World [La ética en el mundo real].
Copyright: Project Syndicate, 2016.www.project-syndicate.org

http://www.eldiario.es/zonacritica/licito-otorgar-ninos-derecho-morir_6_568753136.html

lunes, 5 de septiembre de 2016

Pacientes de la unidad de crisis de salud mental en Sant Pau debaten sobre cómo quieren ser tratados

Aquí no se habla de diagnósticos, de la bipolaridad de una, de la depresión del otro, de la esquizofrenia de aquel. Aquí se viene a hablar de lo que se quiera, menos de eso. Por ejemplo, “de cómo nos gusta que nos hablen”. Ese fue el tema elegido la semana pasada. Anteriormente se trató la sexualidad que la medicación apaga. Es un debate entre catorce personas en plena crisis por su problema de salud mental y dos enfermeros del hospital de Sant Pau de Barcelona. Esos problemas son muy diversos, pero todos suficientemente importantes como para llevarles a una unidad de crisis, una sala cerrada dentro de un hospital general donde la mayoría vive en pijama todo el día y donde la media de estancia es de 21 días, pero muchos pasan hasta tres meses.
Un tiempo muerto en el que el planteamiento de entablar este debate semanal para hablar de lo que se quiera se convierte en una ventana de participación, reivindicación, conocimiento, autoconocimiento, etcétera...
Paternalismo. “A mí no me gusta el paternalismo, no me gusta que nos hablen de esa manera infantil. Me gusta estar informada de la medicación, algo que a veces se oculta”.
“Pues a mí no me parece mal, sobre todo cuando estás aquí, tan solitario”.
“Te sientes solo cuando llegas y no conoces las normas. A mí me gusta que te arropen”.
Uno de los enfermeros que dirige el debate pregunta si anota en la pizarra que lo que no gusta es ¿el infantilismo? Bailan en la sala otras palabras, a veces sugeridas por pacientes, a veces por los enfermeros que llevan la sesión de Parlem de los martes. Y acaban en la pizarra r espeto, cordialidad, asertividad, empatía. En grande, s oledad.
La familia. “Ellos no entienden cómo estás. Está mal visto que tengas un trastorno”.
Enfermero: “Para ti ya es difícil de aceptar –anota aceptación–. Pero tu familia no siente lo que pasa en tu cabeza, sólo ve el cambio. ¿Qué puedes hacer para que tu familia te entienda?”.
“Las mamás lo detectan enseguida”. “Vas acumulando días y días y al final ellos lo ven antes que yo. Yo ni lo reconozco”.
“Nadie está preparado para tener un familiar ingresado”.
Contarlo o no. “Mi doctora me dijo que mejor no se lo dijera a mi última relación. Pero, claro, esto forma parte de mí, ¿tengo que tomarme la medicación a escondidas? Tienes que darle opciones. Así que no hice caso. Se lo conté y me arrepentí. Al año y medio de empezar hemos roto porque yo estaba mal”.
“Yo no le he dicho en el trabajo; no estoy discapacitada”.
“Una vez lo cuentas te empiezan a tratar como a un niño pequeño. Mi hijo de 19 años me dijo ¡Ay, mamá!, él no se esperaba que su madre tuviera esta enfermedad y ahora me trata como si fuera su hija”.
“Ese proteccionismo es agobiante a veces”.
“Es por miedo”.
La palabra miedo queda anotada en la pizarra.
“Yo he tenido un cáncer y ahora esta enfermedad. Esta es la que más alarma ha causado en mi entorno. (...) Me emociono por todo, vaya carrera que llevo”.
Más palabras que explican ese miedo. “Es el estigma, quieren protegernos de que el entorno no nos acepte, de que nos rechacen”. En la pizarra anotan protección y borran miedo.
Nunca loco. Odiosa palabra. “Duele más si te lo dice un ser querido”. “Si te dicen esa palabra, ya sabes que significa que no se va a sentar contigo”. “Si no hacemos algo por cambiarlo, seguirán llamándonos locos”. “Una persona no es sólo enfermo de algo”.
Enfermero: “Se ha de cambiar, pero no se trata de ir con la enfermedad como bandera, porque eres muchas más cosas”.
“Pero no por eso has de dejar que te pisen”.
“Te sientes muy mal cuando te comparan con los demás. Por qué yo”.
Enfermero: “Si hubieses podido elegir, ¿tendrías este problema de salud? Tenerla no ha dependido de ti”.
El debate se va cerrando. Es hora de comer. Quieren hablar otra vez de medicación y secuelas sexuales. Otro día.
Debates, cine, fábulas, ejercicio y menos correas
La idea de los enfermeros de la unidad de crisis de salud mental de Sant Pau era que esa larga estancia de sus pacientes fuera más provechosa para su autoconocimiento, “porque muchos no tienen conciencia de enfermedad”. Que fuera más rica, “porque hablan con psiquiatras, psicólogos y enfermeros, pero apenas entre ellos; hay una gran diversidad de problemas mezclados”. Y que pasaran cosas buenas. Tras mucho hablarlo entre profesionales, afectados y familiares, el equipo de enfermería dirigido por Àlex Marieges puso en marcha un plan: los martes, debate; los miércoles, tertulia 2.0 con fábulas y cuentos. Los jueves, cinefórum sobre varios documentales; los viernes, “ejercicio físico, muy divertido” y consejos de nutrición para personas especialmente sedentarias. Además, un huerto en un pequeño patio. La necesidad de sujeciones a la cama por crisis han bajado del 14% al 10% en menos de un año.

http://www.lavanguardia.com/vida/20160905/41111890420/que-no-me-hablen-como-a-un-nino.html?utm_medium=Social&utm_campaign=Echobox&utm_source=Twitter&utm_term=Autofeed#link_time=1473035683

jueves, 18 de agosto de 2016

El adiós voluntario

El adiós voluntario

Los librepensadores y agnósticos se templan cuando tienen la muerte de frente; cuando llegan a callejones sin salida donde las posibilidades de la ciencia alcanzan sus límites y la enfermedad voraz y galopante gana la batalla. Cada día son más las personas que hacen de su última voluntad un imperativo para la familia y los médicos: la decisión de no prolongar la vida frente a un decaimiento irreversible que implica arrebatarle a las instituciones médicas la posibilidad de decidir sobre la batalla final de los seres humanos frente a su existencia.
El último caso que me conmovió y que traigo a cuenta como reflexión fue el del abogado Tito Libio Caldas. Antes había ocurrido con el padre del caricaturista Matador, el primero tal vez que públicamente llevó a la práctica la legislación colombiana cimentada en los principios de libertad individual profesados valientemente por el magistrado Carlos Gaviria sobre la eutanasia. Ya no pueden lavarse las manos los galenos ni negarse a atender la petición, como ocurrió en un comienzo con el caso del padre de Matador cuando llegó con su familia, después de un ritual de despedida, a la institución médica en Pereira que debía atenderlo. El camino se ha despejado.
El caso de Tito Libio Caldas es impactante porque su firmeza en un momento en el que no estaba aún enfrentado al deterioro alarmante de salud, aunque el horizonte era desesperanzador. No quería que el dolor y el sufrimiento le opacaran sus vestigios de vitalidad. Pidió a su círculo cercano que no lo dejaran arrepentir, creando una circunstancias inéditas para la familia, tan dolorosa como edificante. “He decidido la eutanasia. Deseo una muerte digna, sin dolor”, fue la instrucción final. Y así la dejó expresa en un texto firmado que presidía su velorio, el único momento de encuentro de sus amigos:
“Yo Tito Libio Caldas Gutiérrez, mayor de edad, consciente y en pleno uso de mis facultades mentales y, por otra parte, feliz y agradecido de haber vivido tan largamente la interesante etapa del mundo actual, rodeado de los que me aman y he amado, soy consciente de la larga vida cumplida y del derecho que me asiste de elegir, sobre todo a mis 94 años, las condiciones en que deseo que mi vida culmine, libre de dolor, de indignidad, en mi casa y rodeado de los míos. Así lo he decidido, con mi libre voluntad y con conocimiento pleno de todo lo concerniente a la eutanasia como derecho autónomo humano fundamental.
Si por algún motivo ajeno a mi decisión no se puede cumplir mi voluntad, expresamente, me rehúso a que se den cuidados a mi cuerpo en estado vegetativo o se mantengan indefinidamente mis funciones vitales por medios artificiales.
Tengo un cáncer agresivo que en esta hora de mi vida, con mayor razón, me produce pavor porque me vería sometido al sufrimiento de una enfermedad terminal y al deterioro indignante de mis facultades físicas y mentales. Desde muy joven pertenezco a un mundo intelectual racionalista y mi decisión es únicamente el resultado de mis propias convicciones, del ejercicio pleno de mi autonomía y libre voluntad y, en este caso, de la admirable jurisdicción de la Corte Constitucional que consagró a favor de los colombianos el derecho humano, pleno y autónomo de una muerte digna”. Actos como éste no son otra cosa que el ejercicio pleno de la libertad. Mis respetos

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