martes, 21 de marzo de 2017

El 84% de los españoles apoya el derecho a una muerte digna

¿Debería tener derecho un enfermo incurable a que los médicos le proporcionaran algún producto para poner fin a su vida sin dolor? El 84% de los españoles cree que sí, según la última encuesta de Metroscopia llevada a cabo a finales de febrero de este mismo año.
Un elevado porcentaje que refleja la transversalidad de este apoyo a la denominada muerte digna en el conjunto de la población española. Mucho más extendido entre los más jóvenes (90% entre los menores de 35 años) pero es ampliamente mayoritario entre los más mayores (74% entre los de 65 y más años); cuenta con mayor amplitud entre los votantes de Unidos Podemos  (96%), PSOE (91%) y Ciudadanos (89%) que en entre los del PP (66%) pero, entodo caso, entre los populares, es mayoritario.
Cabe resaltar que la Comunidad de Madrid, gobernada actualmente por el PP con el apoyo de Ciudadanos, ha sido, de momento, la última que ha pasado a contar con una ley autonómica sobre la muerte digna. Se ha unido a una lista compuesta por Galicia, Asturias, Euskadi, Navarra, Aragón, Andalucía y Baleares. El pasado 2 de marzo, la Asamblea madrileña aprobó por unanimidad la Proposición de Ley de derechos y garantías de las personas en el proceso final de la vida.

En todo caso, el dato más destacado entre el apoyo ciudadano a la muerte digna es el que proviene de los católicos practicantes: el 56% se muestra a favor, un porcentaje que se incrementa sustancialmente entre los católicos poco practicantes (84%) y los no practicantes (88%).
El apoyo ciudadano a la muerte digna ha ido incrementándose gradualmente en nuestro país en los últimos años. Es difícil hablar del derecho a morir dignamente sin retrotraerse a 2005, año en el que el doctor Montes —Coordinador de Urgencias del Hospital Severo Ochoa— fue investigado por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid (que en ese momento estaba a cargo de Manuel Lamela del partido Popular). La investigación se inició a partir de dos denuncias anónimas en las que se le acusaba de sedaciones en dosis elevadas a enfermos terminales. Una encuesta de Metroscopia en enero de 2008 —coincidiendo con el cierre del caso del doctor Montes en los tribunales que ratificó el sobreseimiento que ya se había determinado en 2007— mostraba el amplio apoyo ciudadano a la muerte digna: el 70% estaba de acuerdo con que un enfermo incurable tuviera derecho a que los médicos le proporcionasen algún producto para poner fin a su vida sin dolor. Aquel era un porcentaje 17 puntos superior al de 20 años antes[1]. Desde entonces, el apoyo a la muerte digna no ha dejado de crecer en nuestro país. Solo seis meses después de esa primera encuesta de Metroscopia (julio de 2008), el porcentaje de apoyo se incrementaba 10 puntos hasta un 80%. Y de ahí al actual 84%.


La opinión de los españoles apenas difiere de la de los franceses, italianos, alemanes, ingleses o estadounidenses. En Francia, el apoyo a la muerte digna es, desde hace tiempo, muy amplio e incluso ha aumentado en los últimos años: en 2001, el 88% la aprobaba (incluyendo a un 82% de los católicos practicantes y a un 58% de los musulmanes) y en 2014 —según datos del instituto IFOP— ese porcentaje llegaba hasta el 92% (además de que un 86% estaba a favor de legislar la eutanasia activa y un 80% de establecer la posibilidad del suicidio asistido).


En Italia, en 2006, el 64% de los ciudadanos se mostraba a favor de poder aplicar la eutanasia a un enfermo terminal[2] , un porcentaje que incluía a un 50% de los católicos practicantes. Diez años después, en 2016, ese apoyo se mantenía en el 60 %[3]. En Alemania, el porcentaje de apoyo a la eutanasia era del 58 % en 2008 y del 67 %[4] en 2014, se incluía a un 66% de católicos y a un 66% de evangelistas. En Gran Bretaña, en el año 2010, el 67 %[5] pensaba que los médicos deberían tener el poder legal para poner fin a la vida de un enfermo terminal que hubiera indicado claramente su deseo de morir. En 2015, un 82 %[6], incluyendo a un 80% de cristianos, se mostraba a favor de que la muerte asistida fuera legal. En Estados Unidos, el apoyo a la eutanasia viene de antiguo: en 1947 y 1950 el 37% y 36% de la población (respectivamente) estaba a favor de una Ley que permitiera poner fin sin dolor a la vida de un paciente con una enfermedad incurable si así lo requería era minoritario . Pero, según los datos existentes[7], desde 1973 el apoyo de los estadounidenses a la eutanasia se tornó mayoritario: el 53% en ese año y el 69% en 2016.

[1] En una encuesta del CIS de 1988, un 53 % pensaba que un enfermo incurable debía tener derecho a que los médicos le proporcionaran algún producto para poner fin a su vida sin dolor. El 27 % se mostraba en contra y un 20 % tenía dudas o no contestaba a esta pregunta.
[2] Según un sondeo de IRP Marketing para la Repubblica.it
[3] Datos del instituto EURISPES.
[4] Datos del instituto IFD Allensbach.
[5] Datos del instituto YouGov.
[6] Datos del instituto POPULUS.
[7] Datos del instituto Gallup.
FICHA TÉCNICA: El sondeo se ha efectuado mediante entrevistas telefónicas a una muestra nacional de personas residentes en España, mayores de 18 años y con derecho a votar en elecciones generales. Se han completado 4.037 entrevistas a través de llamadas a teléfonos móviles seleccionados de forma aleatoria a partir de un generador automático de números telefónicos. Posteriormente se han calibrado los datos a partir de una ponderación múltiple por sexo, edad, hábitat y región (Comunidad Autónoma). La eficiencia de la ponderación es del 62,2%, de modo que la muestra efectiva es de 2.510 entrevistas. El error de muestreo, para un nivel de confianza del 95.5% (que es el habitualmente adoptado) y asumiendo los principios del muestreo aleatorio simple, en la hipótesis más desfavorable de máxima indeterminación (p=q=50%), es de ±1.6 puntos (tras la ponderación, ±2.0 puntos). La recogida de información y el tratamiento de la misma han sido llevados a cabo íntegramente en Metroscopia. Fecha de realización del trabajo de campo: entre los días 31 de enero y 2 de febrero de 2017.

http://metroscopia.org/muerte-digna/ 

lunes, 20 de marzo de 2017

"La mayoría de conflictos éticos surgen con la familia del enfermo"

Josep Fins
Josep Fins, director de Ética Médica del Medical Center de Nueva York. (DM)
El experto mundial en Ética Médica, Josep Fins, apuesta por el documento de las voluntades anticipadas como medio para resolver esas controversias.
"La mayoría de los conflictos éticos que encontramos no son problemas con los pacientes sino con las familias"; una situación que surge "cuando el enfermo pierde la capacidad para relacionarse con su médico, y esa primera comunicación entre familiares y facultativo se produce en un momento de fracaso médico", subrayó Josep Fins, experto en Consulta Ética y director de Ética Médica del Weill Cornell Medical Center de Nueva York.
Fins, que participó en las XIII Jornadas de Ética celebradas en Madrid y organizadas por la Fundación San Juan de Dios, señaló que habitualmente "hablamos de la relación médico- paciente, pero deberíamos hablar de la relación con los representantes del enfermo, que creo que es la más importante porque es la más difícil".
Sin embargo, buena parte de esos conflictos se podrían evitar si el paciente contase con el documento de últimas voluntades. Según explicó Fins a DM, "el documento de directivas previas (que es como lo llamamos nosotros), es una manera de preparar a la familia y que conozca sus deseos. Es la manera de que pueda compartir sus deseos y aspiraciones, sus temores en un momento en el que está muy enfermo".
Aseguró que en Estados Unidos "está aumentando el uso de las voluntades previas"; una experiencia que le lleva a aconsejar "a mis colegas españoles a desarrollar programas educativos para las familias y compartir los beneficios de las voluntades anticipadas".
Su experiencia como bioético le ha demostrado que esas "conversaciones difíciles" son una manera de prevenir el dolor. "Todos necesitaremos un documento de últimas voluntades, que no es realmente un documento sino un proceso de charlar, reír y llorar", insistió Fins, quien lo ha vivido en primera persona a raíz de la reciente muerte de su padre. "Las personas al final de su vida tienen que aprender a hablar con su cónyuge y sus hijos, a expresar sus deseos, porque la tristeza de perder a alguien es más duro si no se sabe si se cumplieron sus voluntades".
  • "Por tanto, hay que proteger a los vulnerables, y en el contexto de una crisis global, debemos mantener la Medicina como una fuente de humanidad y generosidad"
Pocas consultas
Por otra parte, Fins señaló que "el comité y la consulta ética deben convivir, ya que no hay otra opción. Ninguno es posible sin el otro y ambos tienen los mismos intereses; por tanto, no debe existir ningún conflicto". En su opinión, en España "hay muchos comités pero pocas consultas", que es la situación opuesta a la vivida en su hospital, donde las consultas fueron el precedente del comité, que cuenta con 23 años de actividad.
El comité donde desempeña su actividad profesional está compuesto por un equipo multidisciplinar de 30 miembros, entre los que se incluyen abogados, médicos, representantes religiosos, filósofos y también representantes de la comunidad, detalló. Además, actúa en sinergia con el resto de los equipos del hospital y fomentando su papel educativo. "Educamos a pie de cama, porque la mejor forma de enseñar ética es con el alumno a la cabecera del enfermo que está pendiente de una decisión", resaltó.
Para Fins, es fundamental diferenciar entre cuestiones puramente médicas y la consulta ética, recalcando que "el comité de bioética no toma decisiones, que corresponden a los médicos y a los pacientes; lo que ofrecemos es un análisis. Estamos para asistir".
Fuente de humanidad
Sobre los conflictos éticos que pueden surgir con pacientes de otras religiones, una situación que es frecuente dada la creciente multiculturalidad de la sociedad, el especialista del Weill Cornell Medical Center de Nueva York propuso "pedir ayuda a compañeros que puedan ejercer como intermediarios y entender que hay una obligación ética de aprender del otro. Se ve que hay más en común que diferencias".
Otro dilema es el de hasta dónde hay que utilizar unos recursos que pueden ser escasos. "Hay criterios éticos sobre esto, y lo primero es no discriminar a los pobres y con discapacidad", una puntualización relevante dado el sistema sanitario de Estados Unidos.
"Hay sistemas muy injustos que no debemos permitir. Hay personas pobres, sin discapacidad, en las que, en ocasiones, decidimos no gastar ni invertir dinero. Por tanto, hay que proteger a los vulnerables, y en el contexto de una crisis global, debemos mantener la Medicina como una fuente de humanidad y generosidad", insistió.

“Nos falta apoyo institucional e independencia”

Julio Vielva, presidente del comité de ética de la Orden de los Hermanos de San Juan de Dios, de Castilla (que incluye 15 centros), presentó la experiencia de la institución con los comités de ética, que funcionan desde 1991, "lo que le convierte en uno de los pioneros en España". En estos años, "las principales carencias a las que se enfrentan los comités de ética son la falta de apoyo institucional y la formación e independencia de estos comités; que no alcancen reconocimiento, prestigio y autoritas para tener la autoridad moral de cara al personal; que no sean muy conocidos y valorados por los profesionales, y que no le lleguen las consultas", unas observaciones que lejos de tener un afán recriminatorio debe servir para mejorar la función de esos comités:."El reconocimiento del resto del hospital es crucial. Se necesitan personas que trabajen individualmente con coherencia y en su deliberación conjunta puedan llegar a acuerdos y que no sean un foro de confrontación", apunta

http://www.diariomedico.com/2017/03/19/area-profesional/normativa/la-mayoria-de-conflictos-eticos-surgen-con-la-familia-del-enfermo 

jueves, 16 de marzo de 2017

CINE Y MEDICINA EN EL FINAL DE LA VIDA

CINE Y MEDICINA EN EL FINAL DE LA VIDA


Antonio Casado da Rocha y Wilson Astudillo Alarcón (editores)

http://www.bioeticanet.info/eutanasia/Cine_Medicina.pdf

miércoles, 15 de marzo de 2017

Libres hasta el final




El próximo martes 21 la ley de eutanasia se enfrenta a su primer gran reto. Se va a presentar en el Pleno del Congreso y los diputados deben decidir si se toma en consideración y empieza a discutirse o si se rechaza. Desde DMD hemos lanzado una web de apoyo a esta ley con argumentos y datos sobre la muerte asistida. Puedes visitarla en http://libreshastaelfinal.org/

http://libreshastaelfinal.org/

Derecho a Morir Dignamente - España

martes, 14 de febrero de 2017

La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. Algunas reflexiones críticas desde Habermas, Apel, Honneth y Sen

Sergio Ramos Pozón
La Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad. Algunas reflexiones críticas desde Habermas, Apel, Honneth y Sen
VI CONGRESO INTERNACIONAL DE BIOÉTICA FILOSOFÍA Y SALUD MENTAL


http://aporia.cat/wp-content/uploads/2017/02/maqueta-bioetica-24-01-fondo-rosaceo.pdf (pp. 29-50)

Resumen:
El objetivo de este artículo consiste en revisar críticamente el texto de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad así como la Observación General nº 1 cuando las aplicamos al ámbito de la salud mental. Para ello, tomamos como referencia algunas teorías éticas como son las de Habermas, Apel, Honneth y Sen. Tenemos como finalidad reflexionar sobre si siempre es positivo y posible un modelo basado en el soporte, investigando a su vez si un modelo paternalista puede ser éticamente justificable.

Conclusiones
Tanto la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad como el Comentario General son bien recibidos en el campo de la discapacidad, pues vienen a constituir una buena herramienta para proteger y defender los derechos de este colectivo de personas. Hemos de fomentar espacios en los que los pacientes puedan decidir por sí mismos sobre su propia vida, de modo que ha de ser bienvenido ese cambio de paradigma que posibilite pasar de un modelo fundamentado en la autonomía y, en casos necesarios, con soporte a las decisiones. Hemos destacado la importancia de las decisiones compartidas, las voluntades anticipadas y la planificación anticipada de las decisiones, reivindicando para ello la necesidad de su aplicación en el campo de la salud mental. Dichos contextos vienen a constituir una reivindicación ética, clínica y legal. La defensa de esta postura está avalada por las teorías éticas de Apel, Habermas y Honneth. En conclusión, hemos defendido que este modelo basado en el consentimiento informado ha de ser la regla a seguir con todos los pacientes con enfermedades mentales.
Ahora bien, también hemos constatado que en algunas circunstancias un tipo de relación fundamentada en las decisiones por representación puede ser necesaria, por el contrario, basarnos en un hiperautonomismo puede poner en peligro al paciente ante sus propias decisiones. Esto implica que en algunas situaciones ha de ser necesario aplicar ingresos o tratamientos involuntarios, es decir, un paternalismo. No obstante, ha de quedar claro que su aplicación ha de ser en casos extremos, es decir, como excepción y nunca como regla. Se trata, por lo tanto, de una necesidad clínica, pero que también tiene el respaldo de las teorías de Sen ya que vienen a constituir un intento de respetar y fomentar los funcionamientos y capacidades

domingo, 15 de enero de 2017

Diagnóstico en salud mental: una aproximación ética

Este artículo es fruto del seminario interdisciplinar del Grupo Aporia y el Instituto docente y de investigación Sant Pere Claver, cuyos miembros son: Leonor Almirall, Marcel Cano, Lluís de Ángel, Josep Maria Esquirol, Sabel Gabaldón, Lía Litvan, Lluís Mauri; Montserrat Picanyol, Sergio Ramos, Begoña Román, Mercè Teixidó, Jorge Tió y Berna Villarreal.

Se ha querido reflexionar críticamente sobre el diagnóstico en salud mental, desde varias perspectivas: epistemológicas, éticas, filósoficas, etc. El trabajo ha sido fruto de varios meses de reuniones entre profesionales de varias disciplinas, psiquiatría, psicología, trabajo social, filosofía, etc. En este trabajo defenderemos las siguientes ocho tesis:

1. Desde el punto de vista ético, el objetivo principal del diagnóstico es orientar una intervención que procure la mayor funcionalidad y el mayor bienestar posibles.

 2. En salud mental, el diagnóstico ha de ser adecuado e integral, de forma que tenga en cuenta tanto la comprensión holística como la explicación de carácter más causal.

3. Hay que subrayar la revisabilidad del diagnóstico, tanto por su naturaleza hipotética como por la plasticidad psicológica y psicopatológica de la persona, especialmente en las etapas evolutivas del desarrollo (infancia y adolescencia).
4. Es necesario ser muy conscientes de la importancia del diagnóstico y de las consecuencias incluso contradictorias que pueda tener. Si bien es un instrumento muy eficaz para mejorar la comprensión, intensificar la responsabilidad y proteger a las personas de los sentimientos de culpa y de las malas interpretaciones profanas, también puede tener usos inadecuados, o llevar a estigmatizaciones.
5. Conviene favorecer que el paciente forme parte del proceso y sea activo en la comprensión de su situación, lo que ya es un primer paso para afrontarla.
6. En función de las necesidades del paciente, la atención profesional debe incluir también a la familia o a sus personas allegadas.
7. Por el grado de afectación que los problemas de salud mental pueden comportar sobre la autonomía de las personas, se acentúa la responsabilidad profesional en relación al paciente, a sus derechos y a su proyecto de vida.
8. Conviene que haya trabajo de equipo y un espacio permanente de reflexión profesional compartida. Por parte de los profesionales lo relevante es la actitud de cuidar a las personas. Las teorías éticas sólo son valiosas si refuerzan esta actitud.

El trabajo íntegro lo podéis descargar gratuitamente en http://aporia.cat/publicacions/

martes, 27 de diciembre de 2016

“Estoy muerta en vida y fallecer sería un descanso para mí”

Estas duras palabras son las que resumen la situación de la alegiarra de 40 años Larraitz Chamorro. Está postrada en una silla de ruedas, paralizada de cuello para abajo. Preserva un hilo de voz para expresar sus pensamientos de desesperación y su cerebro funciona a pleno rendimiento. Hace doce años comenzaron los síntomas de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), una “condena a muerte” porque “no tiene cura y su pronóstico es mortal”, apunta Larraitz. En la actualidad, esta mujer padece “dolores continuos” y es hipersensible, por lo que debe cambiar de postura con una precisión milimétrica al pasar unas horas.El calvario ha sido tal, que ha perdido toda esperanza y quiere morir desde hace tiempo, pero el Código Penal español castiga la eutanasia -adelantar la muerte de una persona con una enfermedad incurable- y el suicidio asistido; y la Ley vasca de Muerte Digna aprobada en julio no las contempla. De este modo, sus únicas opciones para “terminar con esta agonía” son fallecer de una crisis respiratoria, por atragantamiento, o de hambre.Se desconoce la procedencia de la ELA, que es “un descarte de otras enfermedades” y carece de una prueba que la confirme. Es una patología rara que se diagnostica a dos personas de cada 100.000 habitantes al año y no tiene cura ni tratamiento. Avanza por el cuerpo paralizando el aparato psicomotor, también apaga la fuerza de la respiración y la voz, aunque la inteligencia, la vista, el oído y el tacto no se alteran.Lo habitual es que la ELA se propague en un lapso de entre dos y cinco años, según el caso, pero ella lleva doce conviviendo con su dolencia, desde que notó el primer síntoma a los 28 años. Empezó con una simple cojera cuando estaba viviendo “lo mejor” de su vida. Era joven, salía con amigos y trabajaba como delegada de cuentas en un centro comercial. Recuerda emocionada que siempre ha sido muy casera, que le ha gustado cocinar, pintar su hogar o adecentar los muebles.MADRE INSEPARABLELa esperanza que se vaCuatro años sin salir de la habitaciónEn 2004 se truncaron sus sueños y arrancó un peregrinaje de cinco años entre hospitales y diagnósticos desacertados. “Al principio lo viví con más esperanza, porque solamente cojeaba. Después de mucha rehabilitación y ver que iba hacia atrás perdí toda la esperanza y me cansé de todo”, rememora.En 2010 decidió trasladarse al Hospital Bermingham de la Fundación Matia de Donostia, con una subvención de la Diputación. Ya lleva siete años en la misma habitación, de la que no ha salido desde hace cuatro por el “horror” que le supone el propio movimiento de la silla. Lejos de sentirse sola, su madre Loli es inseparable. Solo ha faltado cuatro tardes de los siete años a la cita con su hija y por causas mayores, como una operación de cáncer de pecho, una caída grave y una gastroenteritis.En su habitación, Larraitz dedica las mañanas a navegar en su ordenador adaptado, gracias a una pegatina que le colocan en la nariz y le sirve de ratón. Y cada noche, Loli conoce “todos los trucos” y se emplea durante una hora en colocar lo mejor posible a su hija en la cama, ya que al no poder moverse cada milímetro es importante.SUFRIMIENTOUna familia detrás“Notas que te abrazan y no puedes corresponder”Larraitz ya está cansada de esta vida. “Es un sufrimiento tanto físico como psicológico. Ves que dependes de una persona para todo y también le das vueltas a lo que hacías y piensas que te has quedado en nada. Te sientes como un cacho de carne”, traslada desde sus adentros. “Mi familia está conmigo, pero yo no estoy con ellos. Notas que te abrazan, pero no puedes corresponder ese abrazo”, añade, y afirma que en sus días malos se le pasa por la cabeza que “para estar así, mejor no estar”.Sus familiares la apoyan porque empatizan con su situación. Su hermano Iker reconoce que, “egoístamente”, prefiere tenerla aquí a no tenerla. “Pero nos ponemos en la piel del enfermo para comprender lo que está padeciendo. Yo si fuera ella, hace tiempo que hubiera dado ese paso porque estar así no es vida”, admite.Este verano se amplió la ley vasca de garantía de los derechos y de la dignidad de las personas en el proceso final de su vida, que no contempla la eutanasia ni el suicidio asistido -proporcionar a la persona los medios para quitarse la vida de forma voluntaria-, pero ahora “blinda” la capacidad de decisión de los pacientes. Larraitz ha hecho uso de su derecho y ha realizado su testamento vital para que no le alarguen la vida. “Si tengo un fallo respiratorio no quiero respiración asistida. Si hay un momento que no pueda tragar, tampoco quiero que me alimenten por sonda, porque sería alargarlo más”, asegura.En caso de que sucedieran estas situaciones, ni su madre ni el personal sanitario podrían hacer otra cosa que mirar porque no tienen permitido intervenir. No obstante, a Larraitz no le parece suficiente y lucha por sensibilizar a la población y al Gobierno sobre esta cuestión. “No quiero tener que esperar a eso y que mi familia y yo tengamos que pasarlo mal”, añade. Tanto es así, que asegura que se lo piensa “dos veces” cada vez que va a tragar algún alimento o líquido.LLAMADA AL GOBIERNO“Despenalizar esto”“Si hago algo por ayudarla me puede caer cárcel”“Si estuviera despenalizada la eutanasia me pondría en manos de las personas que lo lleven y lo haría”, afirma convencida, pero la única alternativa que le permite la ley sería dejar de comer y morir de hambre. Se lo ha planteado, pero lo ha descartado porque “eso sería sumarle más sufrimiento para todos, porque no sabes el tiempo que vas a durar”. Sus hermanos, Esti e Iker, se reunieron con autoridades del Gobierno Vasco para plantearles esta cuestión pero no recibieron soluciones. “Te dicen que la eutanasia está penalizada y que en caso de hacer algo para ayudarla iré a juicio y puedo ir a la cárcel, dependiendo la pena de si lo consideran asesinato asistido o una ayuda a la muerte”, apunta Iker.Cuatro países de los más avanzados de Europa permiten la eutanasia y el suicidio asistido. Holanda fue el primero que lo aprobó; ya en 2002 permitía la muerte de pacientes incurables; Luxemburgo se sumó en 2008; este verano Bélgica ha sido el primer país en permitir este proceso en un menor de edad; y en Suiza se ha multiplicado el turismo de muerte, desde que se permitió esta práctica en 2006.El objetivo de Larraitz, que en su estado se ha esforzado por dar a conocer su historia, es “concienciar a la gente” y “acelerar el proceso de la eutanasia”. “Ahora nos toca esperar a que el Gobierno vea lo que se sufre y trate de despenalizar esto”, lamenta. “No tengo miedo a la muerte, tengo un nudo en el estómago por no volver a ver a mi familia. Pero estoy muerta en vida y fallecer sería un descanso para mí... Dejaría de sufrir”.
http://www.noticiasdenavarra.com/2016/12/27/sociedad/navarra/estoy-muerta-en-vida-y-fallecer-seria-un-descanso-para-mi

Larraitz explica su situación desde una silla de ruedas, en la misma habitación del centro en el que ingresó hace siete años; la acompañan su hermano Iker y su madre, Loli.