jueves, 22 de diciembre de 2011

Vivo en una cárcel que se estrecha

Cinco días antes de la fecha que eligió para morir, las manos en el regazo de Pedro Martínez no son una señal de entrega o mansedumbre. Hace ya meses que las tiene continuamente así, porque la esclerosis lateral amiotrófica (ELA) que las atenaza las dejó inertes. Pero este hombre que nació en Teruel hace 34 años ha mantenido la lucha en la mirada y en la determinación de controlar el devenir de su enfermedad hasta conseguir una sedación terminal que, para cuando se publican estas líneas, ya ha puesto fin a su vida. En los días previos a la sedación que terminó con su sufrimiento, Pedro Martínez se despide de los suyos y comparte su experiencia con EL PAÍS.
Pedro ha llegado al límite. La ELA es una enfermedad que ataca de fuera adentro: empieza por las extremidades y va acercándose al tórax, hasta que paraliza los músculos necesarios para tragar o respirar. En España la padecen unas 4.000 personas y se diagnostica a unas 900 al año. No tiene una causa conocida y, lo que es peor, tampoco hay tratamiento. Afecta casi siempre a gente joven y la supervivencia media desde el diagnóstico no excede de los tres años. Pedro estaba ya en ese plazo. “Tuve los primeros síntomas hace cuatro años. Dolores, calambres… Pero no me dijeron lo que tenía hasta hace dos. La verdad es que ahí los médicos dejaron mucho que desear”, dice socarrón horas antes de morir. En esos dos años, Pedro ha perdido la movilidad y la funcionalidad de los brazos y las piernas. Para fumar, un amigo le ha construido un soporte a partir de un perchero en el que su novia Lola sujeta el pitillo que otro amigo acaba de liar. Una máscara del personaje de dibujos animados del inspector Gadget da un toque humano al invento. Puesto a la altura de la cabeza, el hombre solo tiene que acercar la boca para dar una calada. Pero, enfrascado en la conversación como está, a Pedro se le olvida fumar y el cigarrillo se apaga, así que Lola tiene que ir a cada rato a encenderlo de nuevo.
Quiero reivindicar que, al menos, se despenalice el suicidio asistido”
Cinco días antes de morir, como todos los días, pasa el día postrado, porque las piernas ya no le sostienen. “Veo la tele, porque no puedo sujetar un libro o un fanzine [que es lo que prefiere] para leer. No puedo ni pasar las hojas. A veces, algún amigo me lee algo, pero me canso”.
Es solo una muestra de la dependencia absoluta que ha vivido Pedro en los últimos tiempos. “Cuando ya no puedes valerte por ti mismo no es una vida digna”, dice convencido. Y eso que él tiene una amplia red de apoyo. Si algo puede decirse, es que no está solo en ningún momento. “Al principio, cuando me dieron el diagnóstico, nos fuimos a vivir seis al campito”. Ahora, Pedro y Lola viven en un pisito de un barrio modesto cerca de la estación del AVE de Sevilla. “Es de un familiar y de renta antigua”, dice Pedro, que explica que él solo cobra 509 euros de una pensión no contributiva. “Pedimos la ayuda de la dependencia hace dos años, pero hasta ahora, nada”. Mientras tanto, Lola se encarga de todo, de darle de comer, del aseo… una amplia red de amigos, huella de una vida intensa, hacen de soporte para una situación que no tiene salida. La casa está muy caliente. “Es que tengo frío siempre”, dice él.
Pedimos la ayuda de la dependencia hace dos años, pero nada”
Cuesta entenderle cuando habla. La paralización ya le afecta a la capacidad de vocalizar, y Lola tiene que hacer a veces de traductora. Es la mejor pedróloga, dice con buen humor. Pero eso no es lo peor. El hombre empieza a tener problemas con la garganta y tragar cada comida es una tortura y una amenaza. “No quiero morir ahogado. Ya me ha pasado varias veces que la comida se me ha ido hacia los pulmones. Además, me cuesta mucho masticar. Tengo que pasarlo todo con mucho líquido, y eso es más peligroso”.
Esta situación es la que le ha llevado a tomar una decisión, a estas horas irreversible: quiere que le seden. No quiere tener más la angustia, el sufrimiento. Y, sobre todo, él, que se define como un “antitodo”, entiende que ya lo que tiene por delante es solo una agonía de un par de meses como mucho, siempre con el riesgo de asfixiarse, de ahogarse. Pero Pedro se ha encontrado con un escollo. Él, que ha sido un poco de todo —un buen estudiante que sacó el título de técnico de laboratorio y que ha trabajado de albañil, de camarero, de lo que surgía, o de nada—, quiere estar seguro de que va a vivir con dignidad hasta el final. “Uno debe tener el control de su propia vida. Yo he apurado la vida. He dormido en casas de campo, en un banco y en el talego. Participé en la okupación del túnel de Casas Viejas [una acción en 2007 que acabó con un desalojo por la policía ]. No se trata de morir con dignidad. Se trata de vivir con dignidad hasta el final, llevando el control de lo que se hace”.
Lola se encarga de todo; de darle de comer a Pedro, de asearlo, y también de encenderle los cigarrillos. / GARCÍA CORDERO
Por eso se desespera cuando ve que los servicios de cuidados paliativos no le ofrecen lo que pide. “Han venido a verme y dicen que no me estoy muriendo, aunque saben que no voy a vivir mucho. Que esto no es una agonía. Me han llegado a decir que deje de comer y beber unos días, y que así, cuando me deteriore, podrán aplicarme la sedación paliativa; los he echado de casa”, cuenta encendido, y Lola tiene que hacer de traductora porque las palabras se atropellan y el hombre se fatiga. “Es lo malo de esta enfermedad. Es como una cárcel cada vez más estrecha. No puedes ni pegar un golpe en la mesa y salir corriendo cuando te desesperas”.
No quiero morir ahogado. Ya me ha pasado varias veces que la comida se me ha ido hacia los pulmones"
Por eso ha decidido contarle a EL PAÍS su caso. Lo hizo el miércoles 14, cuando ya tenía todo decidido. Estaba pendiente de una visita del servicio de paliativos del hospital Virgen Macarena de Sevilla, para repetirles su petición. “No voy a ir más al hospital. No quiero que me sonden ni que me pongan un respirador. ¿Para qué? ¿Para durar tres meses en vez de dos? Lo que quiero es acabar tranquilo y dejar de sufrir. Que cada comida no sea una amenaza”. No le hicieron caso. Pero Pedro se guardaba un as en la manga. “Contacté con Derecho a Morir Dignamente hace mucho. Y ellos me han dado tranquilidad. Si he seguido hasta ahora, ha sido porque sé que ellos me van a ayudar. Si no, habría tomado la decisión de quitarme la vida antes”, afirma. “La ley de muerte digna andaluza no prevé casos como el mío. Está pensada para gente con cáncer. Pero a mí me dicen que no estoy terminal”.
La verdad es que la norma andaluza no puede ir más allá de lo que establece la legislación estatal: en España la eutanasia se considera un homicidio y la ayuda necesaria al suicidio está castigada por el Código Penal, aunque con atenuantes. Tampoco la ley de muerte digna que el Gobierno envió al Congreso antes de la convocatoria de las últimas elecciones cambia esta situación. A imagen de la norma andaluza, en la que se basa, deja claro que debe prevalecer la voluntad del paciente de renunciar a un tratamiento, que eso no debe impedir que los médicos le ofrezcan otras alternativas y, además, defiende a los profesionales que actúen por respeto a la voluntad de los enfermos, aunque la consecuencia sea acortar su vida.
¿Mi epitafio? ‘Muerte al Estado y viva la anarquía’. Dilo así”
Cinco días antes de morir, Pedro lo tiene todo preparado. Y sabe que es su última lucha. “Quiero reivindicar la eutanasia legal, o, por lo menos, que se despenalice el suicidio asistido. Ojalá con mi caso se reabra el debate”, dice. Pero, a falta de que la legislación le ampare, va a ir lo más lejos que puede, exigiendo que acaben con su sufrimiento. “Eso es legal”, insiste.
Dos días antes de morir, el sábado, Pedro organizó una fiesta. 80 personas, entre familiares y amigos. “Como una boda”. “Todos saben mi decisión, y me apoyan. Va a ser muy emotivo”, dice en uno de los pocos momentos en que su firmeza parece que se rompe. “Yo invito. Bueno, pagará el Estado”, bromea refiriéndose a que se va a gastar su última pensión en el convite. El domingo, médicos de la asociación DMD le visitaron. “Hicimos una valoración de su estado de sufrimiento, que él considera ya intolerable. Dado que en su estado no hay alternativa, y contando con el consentimiento del paciente, se procedió a la sedación”, cuenta el médico que le visitó. Falleció el lunes, en su casa, después de despedirse de su novia, sus amigos, su familia y su perro. El martes fue enterrado.
El hombre sabe perfectamente lo que quería. “Cuando todo se acabe, que me incineren y me entierren bajo un nogal. Imagínate un mundo donde en vez de cementerios hubiera bosques. Así, por lo menos, una vez muerto podré servir de abono y ayudar a luchar contra la deforestación”, dice. No sabe qué habrá después —“No tengo ni idea. Ojalá volvamos a la vida para seguir aprendiendo. Cuando nos veamos ahí, y que sea muy tarde, ya lo sabremos”— pero, vaya donde vaya, llevará su lema: “¿Mi epitafio? Lo que ha sido mi vida: ‘Muerte al Estado y viva la anarquía’. Dilo así”, insistió. Y queda dicho.

Una larga lista de antecedentes
Ramón Sampedro (1943-1998). Parapléjico desde 1968, cuando tenía 25 años, el hombre luchó durante 30 años para que los tribunales permitieran que un médico le diera una combinación de fármacos que acabara con su vida. No lo consiguió, y, al final, decidido a acabar con su vida, ingirió una dosis letal de cianuro que alguien le suministró. Luego se supo que había sido su amiga Ramona Maneiro, pero el delito de colaboración necesaria para el suicidio ya había prescrito. Su caso fue reflejado en la película Mar adentro.
Madeleine Z. (1938-2007). La mujer, que sufría una grave enfermedad paralizante, se quitó la vida en su casa de Alicante ingiriendo una combinación de fármacos. Recibió asesoría de la asociación Derecho a Morir Dignamente.
Inmaculada Echevarría (1955-2007). La mujer vivió 10 años postrada en una cama con la ayuda imprescindible de un respirador. Tardó más de medio año en conseguir que los médicos del Servicio Andaluz de Salud que la atendían aceptaran su petición de que la desconectaran de la máquina, algo a lo que, según la Ley de Autonomía del Paciente de 2002, tenía derecho. Al final, fue la propia Junta la que aprobó su demanda, que solo pudo cumplirse cuando cambió de hospital, de uno concertado a uno público. Su caso motivó que Andalucía elaborara una Ley de Muerte Digna, modelo de la que dejó preparada el último Gobierno socialista y que está pendiente de tramitar en el Congreso, donde no se espera que el PP la retome.

El País, 22/12/2011

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Euthanasia: Between Personal Moral and Civic Ethics


Begoña Román Maestre trata la problemática de la eutanasia desde dos perspectivas: una "moral de máximos" en la que es la propia persona quien decide desde su proyecto vital y una "moral de mínimos" aquello que es exigible a todos los ciudadanos para una convivencia pacífica. En primer lugar analiza diversos escenarios en los que hay una problemática semejante y que son los que recoge Pablo Simón et al.: eutanasia, suicidio asistido, rechazo al tratamiento... Durante el proceso asistencial el profesional tendrá un rol antes (aspectos médicos), durante (información asistencial) y después (tomar acciones en relación a preferencias del paciente expresada en el consentimiento informado, voluntades anticipadas...). En segundo lugar discute qué papel juega la autonomía en relación a la vida y la muerte en sociedades que son moralmente plurales. Allí distingue entre "calidad de vida" y "dignidad de vida". Da importancia a la dignidad porque es el fundamento de la moralidad. En tercer lugar examina la moral personal, la ética profesional y la ética cívica, respecto a felicidad, calidad asistencial y justicia, respectivamente. En cuarto lugar examina el concepto de autonomía y reflexiona sobre qué papel juega como "preferencias subjetivas" y "concepto normativo", ha de ser una tarea de la ética cívica procurar que las distintas morales se pronuncien y se respeten si comparten con unos mínimos cívicos para la convivencia, pues ello será exigible desde la justicia. Las preferencias sino comparten con unos mínimos cívicos no son decisiones éticas, sino estéticas. La eutanasia va a ser una reflexión "ética", han de aportarse argumentos éticos y no estéticos para que dichas prácticas sean "correctas". Finalmente, concluya con una serie de deberes que hay que mejorar en un futuro, entre los que cabe destacar: 1) se requiere una pedagogía social sobre el morir; y 2) la medicina ha de estar al servicio de las personas.


jueves, 1 de diciembre de 2011

Los métodos de la bioética

El objetivo del XII Ateneo es revisar el estado actual de la bioética, abordando los diferentes métodos más importantes que se utilizan en bioética, los cuantitativos y cualitativos, e intercambiar opiniones y puntos de vista con los ponentes de las dos Mesas Redondas, todos ellos personas de reconocido prestigio en las áreas de la economía, la ética y la medicina. Como los anteriores, este Ateneo pretende ser un foro abierto para que los profesionales con formación en bioética puedan interactuar con personas de amplia experiencia en estos temas, en sí complejos y necesitados de de continuo análisis.

Se abordará el concepto de la deliberación, entendida como un método riguroso para ponderar los múltiples elementos en juego y que supone la convicción en que el pensamiento no es único sino múltiple.

en el siguiente enlace se pueden ver las ponencias de Rosalía Mera, Diego Gracia, Francisco de Abajo, Abel Novoa y Lydia Feito: http://vimeo.com/channels/265414



Asimismo, hay que mencionar a la publicación referente sobre el tema: Feito, L.; Gracia, D.; y Sánchez, M., (ed.) Bioética: el estado de la cuestión. Madrid: Triacastela; 2011.

sábado, 19 de noviembre de 2011

La ética del cuidado: valoración crítica y reformulación

Resumen
El presente artículo está centrado en el análisis y reformulación de la ética del cuidado. En primer lugar se define qué es la ética del cuidado y se desarrollan algunas ideas clave del pensamiento de Carol Gilligan y Nel Noddings. En segundo lugar realizamos una valoración crítica de la ética del cuidado, señalando algunos aspectos positivos y negativos de la misma. Por último, se sostiene que es necesaria una reformulación de esta teoría dado que tiene carencias e insuficiencias.

Abstract
This article is focused on the analysis and reformulation of the ethics of care. First define what is the ethics of care and develop some key ideas of the thought of Carol Gilligan and Nel Noddings. Second, we make a critical assessment of the ethics of care, pointing out some positive and negative aspects of it. Finally, we argue the need for a reformulation of the theory as it has shortcomings and inadequacies.

Palabras clave: ética del cuidado; evaluación crítica; principialismo; ética dialógica; y modelo bio-psico-social
Keywords: The Ethics of Care; Critical Assessment; Principlism; Dialogic Ethics; and The  Biopsychosocial Model.
Conclusiones
La ética del cuidado es necesaria en la praxis médica, pues la actividad médica no se centra sólo en “tratar” la enfermedad, sino que también hay que “cuidar” a la persona. Ahora bien, esta ética, tal y como tradicionalmente se ha entendido, tiene una serie de insuficiencias y carencias que hacen necesaria su reformulación. En este sentido, señalamos tres aspectos: 1) es necesario unos principios éticos y en una teoría ética como fundamento ético; 2) ha de reformularse el concepto de cuidado, pues no es posible ni positivo que se ciña a los sentimientos que se desprenden de la relación, siendo necesario un “cuidado tecnificado y cualificado”; y 3) ha de basarse en un modelo biomédico que aborde al ser humano “holísticamente”.

 Ramos, S. La ética del cuidado: valoración crítica y reformulación. Laguna. Revista de Filosofía. 2011;29:109-122. (próxima edición de Laguna. Revista de Filosofía)

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Holanda aplica por primera vez la eutanasia a una paciente con demencia severa

La mujer tenía 64 años y había dejado claro por escrito su deseo de morir a médicos y familiares.- En 2010 hubo 25 casos de eutanasia en casos de demencia leve

(Foto: Los ministros de Justicia de Holanda Benk Korthals y Sanidad, Els Borst, defienden en la Cámara Alta del Parlamento holandés la nueva Ley de Eutanasia, en La Haya)

Los ministros de justicia y sanidad defendiendo en la Cámara Alta del Parlamento holandés la nueva Ley de Eutanasia
Una década después de la aprobación de La Ley de Eutanasia en Holanda, ha sido aplicada por primera vez a una paciente con demencia severa. Se trata de una mujer de 64 años, residente en Brabante (al sur del país), que había perdido ya la consciencia de sus actos antes de morir. A pesar de que la ley exige que el enfermo pida la eutanasia por sí mismo de forma clara y reiterada, ha valido una declaración escrita firmada por la fallecida. El documento es indispensable para que médico siga adelante con el procedimiento, y la fallecida señaló así su deseo de morir. Según sus parientes, "no quería perder por completo la cabeza y depender de otros confinada en un centro".

    En 2010, se registraron 25 casos de eutanasia en personas con "demencia moderada". Las cinco comisiones de ética encargadas de estudiar todas las practicadas al año, consideraron legal la labor de los médicos. La paciente con demencia severa de Brabante falleció en marzo pasado, y su médico consultó antes con otra colega. La segunda opinión es también obligada (lo mismo que constatar el sufrimiento insoportable del enfermo, que este no tenga cura posible y pida con lucidez y sin reservas la eutanasia). Constance de Vries, la segunda médico que revisó el caso, ha declarado que trató "largamente con la mujer sobre la eutanasia". "En el momento de morir, sin embargo, ya no hablaba con claridad. Tampoco sabía bien que fallecería después de la inyección que se le pondría. Por eso era esencial que hubiera pedido morir por escrito".

    A pesar del amplio apoyo social con que cuenta la eutanasia en Holanda, con un 90% de la población a favor, la práctica sigue penada hasta con 12 años de cárcel si los médicos quebrantan la norma. En 2004, hubo una polémica nacional al saberse que había sido aplicada a tres personas con la enfermedad de Huntington -que provoca demencia progresiva- y a otra con Alzheimer. Los fiscales aceptaron como "sufrimiento insoportable" la pérdida de movimientos y el descenso hacia la demencia de los tres primeros afectados. El cuarto estaba todavía lúcido, pero sus padres habían muerto de Alzheimer y no quería acabar así. Su médico informó a la justicia y los cuatro casos fueron archivados. Según Gert van Dijk, filósofo ético, hay menos problemas cuando las expectativas de vida son mínimas. "Es difícil para los médicos. Pero más con la demencia, que no siempre deteriora la salud física", ha señalado.

    Otro de los puntos más delicados de la Ley de Eutanasia holandesa atañe a los bebés con malformaciones o males incurables. En 2005, se supo que, entre 1997 y 2004, había sido aplicada a 22 recién nacidos con espina bífida. Desde entonces, una comisión de expertos (formada por un jurista, un pediatra y un ginecólogo) asesora a los fiscales en estos casos. Como la Ley sigue sin incluir a los recién nacidos, la comisión se apoya en el protocolo elaborado por un grupo de pediatras hospitalarios de Groningen (al norte del país). En esencia, exige que los padres sepan lo que ocurre con sus hijos en todo momento. También obliga a pedir una segunda opinión médica.

    Bélgica aprobó la eutanasia en 2002. Luxemburgo lo hizo en 2009. También es legal en Suiza y en los Estados de Oregón, Washington y Montana. En Estados Unidos, sin embargo, el paciente, y no el médico, pone fin a su vida. Holanda ha registrado un promedio total de 2.500 eutanasias anuales desde su aprobación. En un giro extremo, 125.000 personas presentaron el pasado año una solicitud al Parlamento a favor del suicidio legal a partir de los 70 años. Marie José Grotenhuis, una de las promotoras del grupo "Por voluntad propia", lo pedía "para los ancianos que consideren completada su vida". En su opinión, la sociedad debe aceptar que gente madura y sana no quiera sufrir al envejecer.

    El País, 09/11/2011

    miércoles, 2 de noviembre de 2011

    Bioética: la toma de decisiones

    Boladeras, M., (ed.) Bioética: la toma de decisiones. Capellades; Proteus; 2011.

    El presente libro, fruto del Congreso Internacional celebrado en la Universidad de Barcelona los día 8 y 9 de noviembre de 2010, está dividido en 2 partes: 1) "Los principios de dignidad y autonomía y la toma de decisiones": centrado en la aplicación de los principios éticos y legales vinculados con los problemas de la Bioética en general; y 2) La toma de decisiones en el ámbito sanitario, más vinculados con los problemas de la salud.

    Considero que es un excelente libro porque en él participan excelentes profesionales (algunos de los cuales admiro, teniéndolos como modelo a seguir) con grandes aportaciones. El orden de aparición en el libro son los siguientes: 

    Gilbert Hottois, (¿qué papel tiene el principio de dignidad en la toma de decisiones?); Margarita Boladeras (Las decisiones sobre la interrupción de la gestación y el respeto a la dignidad humana); Norbert Bilbeny (Autonomía heterónoma, al principio y al final de la vida); Begoña Román Maestre [por supuesto] (Ética de la decisión para la práctica del cuidado); Josefina Goberna (Toma de decisiones en atención sanitaria a la maternidad: la voz de las mujeres); Mari Carmen Giménez Segura (Las decisiones conflictivas en el ámbito de la salud mental); Màrius Morlans Molina [por supuesto] (La donación de órganos y los transplantes); Marc Antoni Broggi (La buena atención sanitaria al fnal de la vida); y Carme Majó (Análisis desde la bioética para las decisiones de limitación de medidas de soporte vital).





    viernes, 28 de octubre de 2011

    Borrell, Francesc. Práctica Clínica centrada en el paciente.

    La lectura de este espléndido libro deja claro que nunca podrá ser buen médico quien no tenga una fuerte sensibilidad cultural y unos mínimos conocimientos filosóficos, literarios, sociológicos, lingüísticos o psicológicos. Las humanidades y las ciencias sociales son parte esencial de la práctica médica porque una buena capacidad comunicativa, una adecuada actitud de comprensión del otro y un sólido conocimiento de los factores sociales y culturales son imprescindibles para entender realmente lo que un enfermo cuenta en la consulta.
    Si se aspira a una auténtica «medicina centrada en las personas» no se puede establecer una dicotomía tajante entre conocimientos biomédicos, humanísticos y sociológicos, porque en la práctica clínica es imposible separar los datos biológicos de las convicciones, dificultades económicas, peculiaridades de carácter, prejuicios morales, rencores personales, costumbres ancestrales, deseos insatisfechos...
    Francesc Borrell muestra de forma práctica y concreta la necesidad de un equilibrio adecuado entre saberes biomédicos y humanísticos, gracias a su experiencia personal de médico de familia y su profundo conocimiento de las realidades biológicas, psicológicas, sociales, culturales y personales que determinan cada enfermedad.