viernes, 2 de noviembre de 2012

La clínica holandesa para la eutanasia ha ayudado a morir a 51 personas en un año


La clínica privada holandesa especializada en practicar la eutanasia a domicilio ha ayudado a morir a 51 personas durante su primer año de existencia. Sus facultativos dieron un medicamento letal a 21 pacientes, o bien se lo inyectaron. En otros 30 casos, la Asociación para la Muerte Voluntaria, responsable de la clínica, asesoró a los médicos de cabecera de los enfermos para que les facilitaran la muerte. Un 48% de las 456 peticiones de ayuda -entre 11 y 100 años- provenía de personas con demencia y problemas psíquicos. El resto padecía enfermedades como el cáncer o la esclerosis múltiple. Todos acudieron al centro como último recurso tras haber visto denegada su solicitud por la vía ordinaria.
La eutanasia es legal en Holanda desde el año 2000 y cuenta con cerca de un 90% de apoyo en la sociedad. A pesar de ello, los médicos pueden ser condenados hasta con 12 años de cárcel si no cumplen con las siguientes condiciones: el paciente estará lúcido y seguro cuando la pida; su dolencia debe ser mortal y el sufrimiento insoportable. El facultativo tiene que consultar además a un colega y remitir un informe a las comisiones oficiales que revisan todas las eutanasias registradas en el país (en 2009 hubo 2.500 casos).
A pesar de que ningún médico ha sido condenado en los 12 años de vigencia de la norma, la nueva clínica asegura que muchos desconocen la legislación. O bien tienen miedo a las consecuencias. “No vamos a rebasar la legalidad, por eso hemos rechazado los casos de gente sana, mayor y con soledad, que se había cansado de vivir. Pero un 75% de los holandeses quiere morir en su casa. Si pensamos que habrá medio millón de personas con demencia para el año 2040, con la consiguiente pérdida de consciencia y funciones vitales, lo importante es explicar bien los márgenes de la ley. Y prevenir los suicidios”, según Petra de Jong, directora de la clínica.
El equipo del centro consta de 15 unidades móviles, cada una con un médico y una enfermera, con servicio a domicilio. Antes de actuar, la situación del paciente es evaluada por un psiquiatra. Las depresiones no son atendidas porque pueden solucionarse por otras vías. Fue el caso de una mujer de 41 años que intentó suicidarse en 10 ocasiones. La clínica la remitió a los médicos que la llevaban desde hacía años para que ajustaran el tratamiento. “Lo ideal sería contar con una píldora legal para morir cuando el paciente lo decida. Ahora no es así, y por eso tratamos de convencer a las aseguradoras de que cubran nuestros servicios”, dice De Jong. Hasta la fecha, una sola firma holandesa, Menzis, con dos millones de clientes, incluye en sus pólizas este tipo de asistencia.

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